¡Hola a todas y todos!
Hoy quiero hablaros de el día que me dieron el diagnóstico.
Fue un día muy soleado y ansiado, muy, muy, muyyyyy ansiado. Cuando fui al reumatólogo, fui allí de chiripa. Veréis, os cuento mi historia un poquitín.
Desde los catorce años más o menos, siempre había tenido problemas con dolores en las piernas y en la espalda. Algunas veces incluso no podía andar del dolor y cada vez que iba al médico le decían a mi madre que era del crecimiento a lo que yo pensaba, joe pues con las de veces que me encuentro así no noto yo que esté creciendo tanto, la verdad. Pero, como veía que mis padres se venían tan tranquilos a casa pues nada, digo, igual voy a ser una tía súper altísima jajajaja. Pero, nada, crecer, crecer..., crecí lo justito la verdad.
Así, anduve muchísimos años, cada vez con síntomas distintos. Con los años, apareció el cansancio. No podía con el pellejo. Hasta respirar me cansaba pero, qué otra cosa podía hacer. No iba a dejar de respirar, ¿no? jajaja. Y en estas veces que mi madre acudía conmigo a consulta, otra vez (yo cabreada hasta la muerte porque sabía que me iba a decir otra memez y me iba a mandar a mi camita y a descansar con paracetamol y mucha agua), el medico contestaba que eran gripes, a la camita, paracetamol y muchos líquidos. Yo rompía en carcajadas y el pobre médico, que no sabía de qué iba la historia pues se mosqueaba un montón pero....
Después de muchos años, el dolor empeoró, me operaron de la mandíbula y el dolor empeoró aun más. Hasta el año pasado que mis piernas dijeron:"Chati, a dónde vas a pasarlo bien. Estate quietecita que estás más mona". Y comenzó mi sufrimiento. Necesitaba ayuda para moverme y mantenerme en pie sin caer al suelo, cosa que me hacía gracia porque parecía un bebe, me caía cuando menos se esperaba, jajajaja.
Al ir al médico, empezaron con inyecciones, otra vez, paracetamol, ibuprofeno y relajantes musculares. Un mes enterito y sin mejoría, hasta que me cansé y la doctora me mandó, al fin, al traumatólogo. Primera vez en mi vida que visitaba a un ólogo de estos.
Este ólogo me dijo que podía haber sido un lumbago pero que en las pruebas no se veía nada así que, a rehabilitación. Una vez allí, con otra traumatóloga, al tocarme en los puntos donde dolía e irme al suelo con la debida y respetuosa recordatoria a sus muertos, me dijo que lo que tenía, me tenía que mandar a un reumatólogo. Otro ólogo que no había visto en mi vida, jajajaja.
Y allí que fui. Este ólogo, me tocó por todas parte (cuidado cómo suena esto no vayáis a malinterpretar, jajaj). Supuestamente son dieciocho los puntos de la fibromialgia ¿no?, pues yo tenía lo menos...., 328´15 puntos dolorosos. ¡Me dejó muerta en la cama! Caso de fibromialgia clarísimo, dijo, pero quería hacer una analítica para descartar cosas reumáticas. Echo. Así que, después de esperar meses y meses, llego a consulta del reumatólogo y esto fue lo que me dio:
Ok. No asustarse, pensé yo. Muy ignorante de mí, pensé que además de esta simple cuartilla donde aparece la palabra Fibromialgia, me daría unas pautas a seguir con la enfermedad y me haría un seguimiento, ¿no? ¡Pues no! Eso es trabajo extra, jajaja. Como a este ser, dotado supuestamente de cierta inteligencia que le hacía, en ese momento superior a mí, pareció no interesarle nada de lo que le contaba, no así a la enfermera, y después que me dijera que él solo diagnostica, le arranqué la papeleta de la tómbola de la feria de las manos e indignadísima por el encantador trato recibido, me marché a mi traumatóloga de rehabilitación. Esta, se sorprendió igualmente con el trato recibido porque prácticamente me había condenado a las muletas y a la silla de ruedas. Según ella, el reumatólogo diagnostica, trata y sigue. Pues vale. ¡Madre mía, la que ha liao el pollitooo!
En resumen, me vine a mi casa con algo que ya sabía, sin respuestas, indignada y...., bueno, sinceramente, nunca deseo mal a nadie, pero en ese momento, desee que este ólogo sufriera un sólo día completo, con su noche, con los espasmos y el dolor tan insoportable de mis piernas.
Bueno, después de esto, cuando mi marido y yo lo contamos, nos sirve para reírnos del momentazo que vivimos ese día. Y a vosotros, ¿cómo fue vuestro diagnostico? Besitos y mucho ánimo a todas.
¡Feliz Verano!


0 comentarios :
Publicar un comentario
Puedes opinar si quieres